17 Noviembre 2021

Puede que a muchos de ustedes no les suene el nombre de Christian Laettner, considerado uno de los mejores jugadores que han pasado por la NCAA, donde disputó cuatro Final Four, ganó dos títulos y fue autor de la canasta ganadora más importante de la historia de la competición. Su trayectoria en los ‘Blue Devils’ de la prestigiosa Universidad de Duke, le valió dos premios tan solo destinados a los elegidos: alcanzar la posición número 3 del Draft (ojo, por detrás de Shaquille O’neal y Alonzo Mourning) y entrar en la convocatoria de la selección de los Estados Unidos para participar en los Juegos Olímpicos de 1992. Insisto: el Dream Team, el auténtico, el único, el fetén; aquel en el que convergieron Michael Jordan, Larry Bird y Magic Jonhson junto al resto de la plantilla que, hoy día, forma parte del Hall of Fame. Pues nuestro protagonista fue el jugador número 12 de aquel prestigioso equipo. Tremendo.

 

Sin embargo, la carrera de Christian Laettner no cumplió las expectativas generadas y sus éxitos se vieron empañados por su mala fama, consolidando una etiqueta que camufló sus grandes virtudes. Su actitud rebelde, su juego provocador, las continuas salidas de tono, dentro y fuera de la pista, entre otros comportamientos, le valieron el sambenito de jugador más odiado de la historia del baloncesto. Una línea de camisetas con el mensaje ‘I Hate Christian Laettner’ agotó tiradas y tiradas de venta a todo el público del baloncesto universitario y NBA. Las canchas se llenaban para recibirle e increparle, para hacerle incómodo el partido y, así, poder odiarle.

 

Como en cualquier cómic de MARVEL, la historia del baloncesto no se entendería sin sus antagonistas. Un superhéroe no tendría la mitad de relevancia si no compitiese con un supervillano.

 

¿Acaso fue un ejemplo de fairplay Drazen Petrovic? ¿Han visto más puñetazos en un partido que los que se propinaron Fernando Martín y Audie Norris?

 

¿Saben quién es el jugador más odiado en estos momentos en la NBA? Se llama Lebron James. ¿Recuerdan a Dennis Rodman? Sí, Dennis. El Gusano. Aquel que se golpeaba con todo el que se pusiese delante por un rebote, el que miraba con cara de desprecio a sus rivales y no les daba la mano para levantarse. El mismo que se perdía dos días por Las Vegas sin avisar, justo antes de un partido de playoff. Pero en el mismo lugar que su mala fama, se sitúan cinco anillos de la NBA. Tres de ellos junto a Michael Jordan, quien tiene mucho que agradecer de sus éxitos al bueno de Rodman.

 

Igual de odiado en la Liga Endesa es Sadiel Rojas, aunque con un estilo bien distinto a los jugadores previamente mencionados. El jugador dominicano del UCAM Murcia llegó hace ocho años a España para tener una oportunidad en la mejor liga de Europa. Desde entonces no se ha perdido ni un solo partido. Su evolución desde la primera temporada que aterrizó en la capital del Segura ha sido muy favorable en cuanto a conocimiento del juego y utilización de sus recursos técnicos y físicos. Nunca ha escatimado ni un gramo de energía. Su sangre hierve a una temperatura diferente a la de cualquier ser humano. Sus ojos ven un balón sin dueño y el único objetivo es atraparlo. Durante la defensa constante a un rival, su marcaje es molesto, pesado, incómodo… un auténtico incordio. Quiere ganar, proteger a sus compañeros y defender su escudo a toda costa.

 

Su forma de jugar le ha generado innumerables conflictos con otros jugadores. Conflictos del juego. Pero ninguno puede decir que ha salido lesionado o ha sido agredido. NINGUNO. Sin embargo, a Rojas le hemos visto abandonar el pabellón en ambulancia en dos ocasiones, perder el conocimiento y también unos cuantos dientes. Pero estas imágenes no le convierten en una víctima, ni él quiere aprovecharse de ello. Todo lo contrario. No guarda ni un mínimo de rencor. Lo considera una parte de su trabajo y lo acepta como tal. Sin ningún tipo de queja. Tampoco busca hacer uso del drama o generar polémica en redes sociales tras estos accidentes. Tiene un lema eterno que ha convertido a su máxima: “lo que pasa en el campo se queda en el campo”.

 

Porque la imagen creada de Sadiel Rojas como jugador en nada se parece a cómo es como persona. El mejor embajador del Turismo de la Región de Murcia y sus costumbres gastronómicas, ama por encima de todo a la gente que le rodea. Se sienta con cualquier aficionado desconocido a tomar café en la Plaza de las Flores. Llegó a contar con un equipo social formado por chicos y chicas desfavorecidos llamado ‘Los Guerreros de Rojas’, donde pasaba horas de forma desinteresada entrenando con ellos y yendo a sus partidos. Colabora con diferentes asociaciones con fines benéficos, que luchan, por ejemplo contra los problemas de salud mental que sufren muchos jugadores extranjeros cuando se ven solos en países y culturas diferentes. Es por ello que capitanea el grupo de americanos que juega en el UCAM Murcia dentro y fuera de la cancha. Saca tiempo de su trabajo y sus compromisos familiares (acaba de ser padre) para que sus compañeros estén lo mejor atendidos posible.

 

Sin ningún tipo de complejo, acepta su etiqueta de villano dentro del juego, dentro del negocio. Pero en ningún caso se debe pasar por alto su entrega a un equipo, a una ciudad y a un deporte que ama.

 

En los años 90,  cuando todos los niños de Estados Unidos querían ser Michael Jordan, Sadiel Rojas quería ser como Rodman. No le llamaba la atención meter puntos, sino coger rebotes; no quería protagonismo, quería ganar. Su fortaleza mental y física siempre está a disposición del grupo, siempre a disposición del equipo.

 

Pasaron los años y ese especialista defensivo en el que pocos confiaron, se tuvo que labrar el futuro en una pequeña Universidad de la segunda división. Logró a base de fortaleza, trabajo y confianza, levantar el título de campeón de la G-League con los Fort Wayne Mad Ants, junto al galardón que le acreditaba mejor defensa de la competición. Entre sus compañeros y su staff técnico, destacaba la figura, emocionalmente más visible de un entrenador ayudante que pasó horas y horas trabajando con Sadiel. Un ex jugador de leyenda, un campeón olímpico, un jugador odiado, el más odiado: Christian Laettner.

 

Porque nada es casualidad. Al mismo tiempo que existe una Liga de Hombres Extraordinarios formada por superhéroes, en algún lugar del mundo hay una Liga de Súper Villanos tan necesaria como la primera. Ambas forman y conforman el deporte que tanto amamos. Ambas ayudan a que el baloncesto tenga un amplio abanico de emociones.

 

Ódienlo sin ningún tipo de complejo, ódienlo, pero no le falten al respeto. Ódienlo pero no mientan. ‘I hate Sadiel Rojas’. Yo amo a Sadiel Rojas.

 

Felipe Meseguer