08 Febrero 2012




En Badalona hay un dicho popular que asegura que “en comptes de xutar les pilotes aquí es boten”, o lo que es lo mismo: “en vez de chutar las pelotas aquí se botan”.

Josep Franch (Badalona, 28 de enero de 1991) es uno de esos ejemplos que justifican dicha afirmación. Antes de saber andar con soltura, lanzaba los pañales de su hermano pequeño. De hecho, tal era su obsesión por tirar cosas que Josep y Luisa (sus padres) tuvieron que ponerle un aro en la cocina para que afinase puntería desde la silleta mientras ellos cocinaban.

Para muchos, el deporte no se trata de un simple juego. Para muchos, incluso significa una manera de entender la vida. En el caso de Josep esto va más allá, porque hace del baloncesto la filosofía de su día a día. Reconoce que este deporte le ha enseñado a poner sus virtudes al beneficio de un colectivo y, la verdad es que ni a él, ni a los equipos con los que ha jugado les ha ido mal. Con 16 años debutó en la ACB con el FIATC Mutua Joventut, convirtiéndose en uno de los jugadores más jóvenes en hacerlo. Con las categorías inferiores de la Selección Española ha logrado medalla de bronce (2010), plata (2007) y oro (2011).

Su posición es la de base, es decir, debe organizar al resto de sus compañeros e intentar ver dónde están las ventajas de su equipo. Uno de los jugadores a los que da órdenes Franch es Guillermo Rejón, 15 años mayor que el badalonés. Rejón confiesa que le hace gracia ver cómo un “niño” le da órdenes. Sin embargo, gracias a la seguridad en sí mismo que genera el catalán, la edad no parece importante. Por encima de todo está ayudar al equipo. Josep reconoce que desde pequeño siempre ha jugado con gente mayor, pero que la diferencia de edad no le influye. “Todos somos personas con los mismos temas de conversación”. Va a resultar cierta la frase que dicen en su tierra de que ‘al baloncesto se juega con el talento y no con el DNI’.

A pesar de su corta edad y gracias al baloncesto, Josep conoce media Europa. Sin embargo, el pasado verano realizó su viaje más difícil. Decidió abandonar el calor de su casa para disfrutar de otro bien distinto, el de Murcia. Su ambición por crecer y dar un paso adelante le animó a hacer una apuesta cuanto menos arriesgada y de paso, protagonizar el fichaje más importante del mercado estival baloncestístico. Quería sentirse un jugador importante desde el primer minuto y vio en el UCAM Murcia la mejor opción para llevar a cabo su propósito.

Ésta es la primera vez que Josep Franch vive lejos de sus padres. ¿A quién no le genera dudas que un chaval de 20 años, deportista de éxito, famoso y con dinero viva solo en una ciudad tan animada como Murcia? Desde el primer minuto su “nueva familia” (tanto sus compañeros como el propio club) se ha volcado con él ya que asegura no haber tenido tiempo ni de sentirse solo, ni de echar de menos a la familia. Tras seis meses en el equipo, Josep se ha metido a la afición en el bolsillo y lo ha hecho mostrando un descaro sorprendente para un chaval de veinte años. Y esto, al aficionado al baloncesto de toda la vida, le gusta.

Sin embargo, fuera de la cancha la dificultad crece. Reconoce que le está costando acostumbrarse a lavar la ropa, fregar los platos y cocinar. El hecho de que más o menos se defienda como amo de casa es fruto del empeño de su madre, que le tuvo un mes entero preparando la comida y poniendo y quitando lavadoras.

Pese a no arrepentirse de su llegada a Murcia, Josep confiesa que le gustaría traerse de Badalona a sus amigos ya que, además de su familia, son un apoyo importante para él.

Otro aspecto característico de Josep es que, como buen catalán, es ahorrador. Con su primer sueldo lo que hizo fue… guardarlo porque es consciente de la época que le ha tocado vivir. Pese a sentirse un privilegiado por cobrar un buen salario haciendo lo que más le gusta, considera que siempre está bien tener un colchón económico tanto para él como para posibles necesidades de su familia. Sabe lo importante que es acordarse de la gente que uno va encontrándose en el camino y ser agradecido con las personas que te ayudan y te apoyan.

Fuera de las canchas Josep es un chico de 20 años como otro cualquiera. Confiesa que la política no termina de engancharle y que en el poco tiempo libre lo dedica a jugar a la consola, quedar con sus compañeros para comer fuera de casa, pasear por el centro, ir de compras o al cine. Lo que no le convencen son las redes sociales ya que no cree que a la gente le pueda interesar su día a día.

Con todo esto, y una agenda de entrenamientos bastante más apretada de lo que la gente cree, Josep siempre trata de sacar tiempo para el estudio. Sí, ¡el estudio! Algo poco común en los deportistas de élite actuales de nuestro país.

Confiesa que desde casa siempre le han marcado la necesidad de compaginar libros con baloncesto. Afortunadamente para él, ha conseguido sacar partido del poco tiempo que tenía. Entre entrenamiento y entrenamiento sacaba sus apuntes y a estudiar. Y todo para seguir los pasos de sus padres: la medicina. De hecho el pasado año comenzó la carrera pero las prácticas del Plan Bolonia le impidieron finalizar el primer curso. El cambio de equipo y de ciudad también ha llegado acompañado de un cambio de carrera. Ahora estudia Psicología en la UCAM.

Algo que le sorprende de su presente es el hecho de que tiene que firmar autógrafos cuando hace ‘dos días’ era él quien, desde la ventana de casa de su abuela, miraba con vergüenza a los jugadores del Joventut ir a comer a su restaurante favorito. Ahora las tornas han cambiado y es consciente de lo importante que es la imagen para un deportista. Siempre que puede trata de arrancarle la sonrisa a los más jóvenes porque como dice él: “eres lo que vendes y hay que estar agradecido a esas personas que vienen a animarte los fines de semana”.

En cuanto al futuro de su carrera lo tiene claro. Dará los pasos necesarios para mejorar tanto como jugador como persona marcándose el trabajo como único objetivo. Reconoce que la NBA no le atrae mucho porque su verdadero sueño es divertirse jugando al baloncesto. Si la liga americana supone alcanzar un máximo nivel intentará llegar. Lo mismo ocurre cuando habla de la selección española, aunque esto lo hace con cierta sonrisa nerviosa del que espera que los pasos recorridos con las categorías inferiores den su fruto en un futuro no muy lejano.

“Siempre hay épocas buenas y malas. Pero no existe la suerte y sí el trabajo. Tras fallar tres tiros en un partido habrá que hacer lanzamientos extra después de los entrenamientos para mejorar”.

El hecho de que hoy Josep sea un jugador de baloncesto de éxito no es mera casualidad. Se define como un trabajador, algo olvidadizo en ocasiones, pero que intenta focalizar las cosas que realmente tienen importancia y darles el valor que se merecen. Tras conversar con él media hora te das cuenta de que lejos del parquet también es especial. Te das cuenta de que tiene la cabeza bien amueblada. Que los pequeños sacrificios a los que ha ido haciendo frente con el paso de los años, han sido baches que siempre le han aportado algo.

fuente

Antonio García García