12 Abril 2009

El local dio la talla en la primera mitad del encuentro y, en la segunda, rompió moldes, llegando a hacer un parcial 20-9 en el tercer cuarto. Los grandes triunfadores de la mañana, Fajardo y Robles


Como si alguien hubiese pulsado el botón de resetear, un equipo totalmente renovado avivó el domingo la llama del Palacio. El CB Murcia no se achantó ante un rival de la talla del DKV Juventud, e incluso se puede llegar a pensar que sucedió al contrario. Los pupilos de Hussein estuvieron a la altura durante la primera mitad del encuentro y convirtieron la emoción en delirio durante la segunda. Todos los de casa pusieron su granito de arena, aunque se puede decir que la zona estuvo dominada por Fajardo y Barnes, mientras que Pedro Robles y Chris Thomas se encargaron del exterior. Como resultado, un parcial 20-9 en el tercer cuarto, que aseguró la victoria local y devolvió la ilusión a una afición que, ante el resultado final de 71-58, cerró el partido entonando el “Sí, podemos”.

En esta ocasión, Sito Alonso escogió como cinco inicial a Demond Mallet, Simas Jasaitis, Ferran Laviña, Jan Jagla y Eduardo Hernández-Sonseca. Por su parte, Manolo Hussein optó por Chris Thomas, Donatas Slanina, Taquan Dean, Lamont Barnes y Diego Fajardo.

El DKV inició el encuentro imponiendo su característico ritmo elevado, aunque, en este caso, le salió el tiro por la culata, ya que el CB Murcia afrontó la situación y respondió con creces. De hecho, los exteriores consiguieron un parcial 7-2, mientras que los interiores se ocuparon de elaborar una defensa cerrada e intensa, que se mantendría en esta línea hasta el final del choque. No obstante, los errores no estaban permitidos ante el conjunto catalán, que aprovechó el menor despiste local para igualar el marcador.

Posteriormente, fueron los murcianos más altos los que asumieron el protagonismo ofensivo, jugándosela en la pintura, e incluso osando a lucirse fuera de ella, como es el caso de Fajardo, que anotó un sorprendente triple. También fue importante la labor de Marco Gaona, que entró sustituyendo a Thomas. El base de Abanilla distribuyó el juego con inteligencia, anotó 4/4 en tiros libres e incluso capturó dos rebotes. De este modo, el local llegó al segundo cuarto con una ventaja de 5 tantos (21-16).

Sin embargo, al inicio de los siguientes 10 minutos, el grupo de casa cambió intensidad por precipitación. La suerte fue que su rival tampoco estuvo demasiado inspirado, y, aunque alcanzó a empatar a 21, no logró aprovecharse de la situación, de modo que el partido se convirtió en una sucesión de transiciones rápidas y canastas fallidas.

Slanina fue quien acabó con la racha. A partir de su tiro de 4 metros, el partido pareció reanudarse. Fajardo, entonces, disparó su valoración a 18, adueñándose de la pintura, mientras que, en el campo contrario, Moiso se encargó de mantener a su equipo. Después de un triple de Robles, el último minuto fue el del tiro libre. 1/2 de Mallet, otro de Ricky, 2/2 de Thomas y 4/4 de Slanina. Así, la armada de Hussein recuperó posiciones y llegó al descanso 40-31.

Murcia puso toda la carne en el asador en la segunda mitad. De hecho, el Juventud se quedó como paralizado ante un rival que no necesitó ni 4 minutos para hacer un parcial 10-2. Fajardo y Robles se convirtieron en protagonistas y, luego, Thomas obtuvo el 50-33 con dos ataques seguidos, en uno de los cuales se permitió incluso quitarle el balón de las manos a Moiso.

Tras el tiempo muerto de Sito Alonso, el local siguió in crescendo. Su defensa se mantuvo compacta, Barnes y el pívot tinerfeño se apropiaron del rebote, y su ataque se hizo, si cabe, aún más agudo. Sólo Ricky, Jasaitis y Sonseca lograron llegar con acierto a canasta y la desmoralización catalana se evidenciaba progresivamente.

De este modo, al llegar el último cuarto con 60-40, el choque estaba prácticamente decidido. Aún así, el CB Murcia se cubrió las espaldas y mantuvo relativamente constante la distancia de 20 puntos, a pesar de los desesperados intentos del DKV por levantar cabeza. Sólo Ricky logró evitar que la derrota resultase vergonzante para los catalanes, y luego, cuando ya sí que estaba todo hecho, en el último minuto, los jugadores locales esperaron a la bocina con su asegurado 71-58 y pasándose el balón a ritmo de los olés de la grada.
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