04 Diciembre 2007

“Creo, sinceramente, que el Polaris World puede dar mucho”


Federico Kammerichs es unos de esos deportistas del que sus paisanos pueden sentirse muy orgullosos, tanto a nivel profesional como en lo personal. Y es que este argentino de pro deslumbra a todos con su buen hacer dentro y fuera de la pista.

Nacido en Goya, al litoral del noroeste argentino en junio de 1980, se crió en una familia donde el baloncesto se lleva en la sangre. Sus tíos y primos jugaron siempre a este deporte. Incluso uno de ellos lo hizo profesionalmente en el Boca Juniors de la liga nacional de Argentina. Por otro lado, su abuelo materno fue presidente de la Asociación Goyana de Básquet. "Iba a ser muy difícil que no terminara ligado al baloncesto", rememora el correntino.

Comenzó su carrera a los cinco años, concretamente en el Club Unión de Goya, que estaba situado frente a su casa: "Habré ido de la mano de mi madre a mi primer entrenamiento", recuerda impreciso. Continuó jugando en su pueblo, luego en la selección de la provincia, campeonatos regionales, pero nunca en los conocidos ‘Torneos Argentinos’ (la competición nacional más importante entre provincias). “Eso es algo pendiente”, confiesa.

Reconoce que no le gustaba que sus padres fueran a verlo jugar, es más, su padre nunca lo hacía, pero casualmente una vez que se dejó caer en un partido –al que acudió como presidente de la delegación en semifinales con la selección de la provincia-, le llegó su primera oferta para fichar por Bahía Blanca (semillero del baloncesto argentino). “El club ofrecía pagarme alojamiento, los estudios y la comida. Para mí era algo importante, pero eran 1.600 Km. desde mi Goya”, palabras que denotan lo que pesaba en él la distancia, tanto en aquella época como ahora, diez años después.

Finalmente, fue Ferrocarril Oeste el club dónde comenzó su carrera profesional, a los 17 años y en la capital, Buenos Aires. “Fui a probarme ilusionado, pero con los pies en la tierra. Jamás pensé que me iba a dedicar a esto al cien por cien. Sueños tenemos todos y yo miraba los partidos por televisión y decía: ¡Qué lindo sería jugar ahí!, pero sabía que era difícil”.

Difícil pero no imposible, Kammerichs le añadió al talento una gran dosis de esfuerzo, dedicación y “el apoyo de mis padres y mis hermanos que me alentaron siempre”. Cuando aceptó el desafío de ir a probar suerte lejos de su pueblo sabía que “si la cosa no iba, debía sentar el culito en la silla (es que de no ser jugador de baloncesto, hubiera sido profesor de educación física) y agarrar los libros, pero en febrero del 98 llegué a Ferro y aquí estoy”.

Aquí es España, donde aterrizó a los 20, tras militar durante tres años en Ferro e iniciar su carrera con los juveniles de la selección nacional. En ese tiempo no sólo aprendió y creció profesionalmente, sino también como ser humano. “Muchas veces lo hemos pasado mal, cobrando 150 (32.50 euros) cuando recién comenzaba. También cuando terminaba el año y nos habían pagado sólo 6 meses, pero hoy miro para atrás y eso te hace valorar otras cosas y sobre todo que vale la pena el sacrificio”, reflexiona.

El jugador polarista está en España desde hace 7 años, pero aún le cuesta el desarraigo: “Es algo que no puedo digerir, aunque ahora tengo la suerte de que mi pareja está aquí hace un año y medio y es un alivio”, afirma, al mismo tiempo que reconoce que lo mantienen también los objetivos deportivos y profesionales.

Kammerichs se siente un privilegiado, como cualquiera que practique este deporte. Por ello, no oculta su pasión por el baloncesto, una gratificante sensación que se potencia cuando se habla del combinado de su país.

“Hoy la selección argentina va a algún lado y se sacan el sombrero y se ponen de pie. A mí me ha tocado ser partícipe de este momento y es algo hermoso y conmovedor”, expresa emocionado. Al mismo tiempo que anticipa que llega una etapa de transición en la que habrá que trabajar duro para conservar lo alcanzado hasta ahora. Se refiere a los Juegos Olímpicos de Beijín 2008, en cuya clasificación registró una impecable actuación.

En el Polaris World C.B. Murcia cumple ya tres meses. Aunque tuvo más de una oferta y se siente un privilegiado por poder elegir, no dio “opción a otras posibilidades. Son mis códigos, el entrenador enseguida se comunicó conmigo y eso uno lo valora”, resalta comprometido.

En la Capital del Segura, Kammerichs se siente muy bien: “Aquí mis objetivos son los del Club, que tiene un proyecto muy interesante e hizo un esfuerzo muy grande. Por eso, mantener la categoría es lo fundamental y creo, sinceramente, que este equipo puede dar mucho”.

Siempre aferrado a los afectos, agradecido y con una humildad fascinante, Federico Kammerichs es un jugador completo, comprometido y profesional, con lo mucho que eso significa en los tiempos que corren. Cuando se le pregunta qué logros completarían una biografía que lo enorgullezca, dice convencido: “Que me reconozcan la parte humana, porque si juegas bien o mal, si la metías o no, pasa, pero quiero que digan de verdad que era un buen tipo”. Sin duda, puede darse por satisfecho.
fuente

Gabriela Pereyra