29 Septiembre 2009

El técnico del CB Murcia asegura que “el sueño de mi vida era dar clase y entrenar a baloncesto”


Moncho Fernández está viviendo “con tranquilidad” la antesala a su estreno en la Liga ACB como entrenador jefe, pues no hay que olvidar que ya ha actuado durante cuatro campañas de ayudante en esta competición, tanto en Gijón (del 2000 al 2002) como en Lugo (del 2004 al 2006).

Casualidades del destino, pero esta temporada sólo él y Ettore Messina, el cual quiso incluir al gallego en el staff técnico del Real Madrid, debutarán en la máxima categoría del baloncesto nacional. Algo que, por otra parte

, no le asusta en absoluto: “Estoy viviendo los días previos bien, con tranquilidad, y sobre todo con responsabilidad, con ganas de que las cosas salgan bien y de hacer bien las cosas… La pretemporada tiene su parte grata, porque ves como poco a poco el equipo va creciendo, pero a la vez yo soy un poco impaciente y estoy deseando que llegue la competición para que el equipo vaya cogiendo mucho más rodaje”.

Del presente curso, Moncho espera que “todo vaya muy bien, que se cumplan los objetivos que nos hemos marcado a nivel club y, a nivel personal, espero seguir disfrutando de una profesión que es más que una profesión… es una pasión”.

La familia, los estudios y el baloncesto

Moncho Fernández nació hace 40 años (19/09/69) en Santiago de Compostela, una ciudad de la que se siente “muy orgulloso”. “Toda mi adolescencia e infancia la pasé allí, donde estudié la carrera de Geografía e Historia y trabajé y entrené hasta los 30 años, a los que me fui de entrenador ayudante a Gijón. Desde aquel primer año como ayudante hasta hoy, casi han pasado 10 años”, afirma, mientras añade gozoso: “Me he casado con Raquel y tengo dos hijos maravillosos, que son Guille y Lola”.

El caso es que se licenció en Geografía e Historia porque “quería ser profesor, que era lo que más me gustaba y después decidí que quería serlo de Historia”. “La historia es una de mis pasiones; me encanta. Y bueno, estudié Geografía e Historia porque eran obligatorias las dos. Si por mí fuera, sólo hubiera estudiado Historia”, asegura.

En lo que al deporte de la canasta se refiere, su flechazo con éste tuvo mucho que ver con que estudiara “en un colegio de gran tradición baloncestística, que es el Manuel Peleteiro de Santiago”. “El contacto cercano con mucha gente que practicaba baloncesto, nos hacía a nosotros practicarlo también, jugar allí en el colegio sobre todo, pero muy pronto me di cuenta de mi poquita calidad técnica y mi incapacidad para jugar bien a este deporte, me llevaron enseguida a coger el camino del entrenamiento. Yo quería seguir en el mundo del baloncesto, pero como practicándolo tenía poquito futuro, lo que hice fue entrenar muy joven y con 17 años entrené al primer equipo”, confiesa.

Una década en el baloncesto profesional

“Lo que te permite el baloncesto profesional es sobre todo dedicación exclusiva; dedicarle tantas horas al día al estudio, al scouting, al visionado de vídeos… te hace ser mejor entrenador al final”, comenta, al tiempo que especifica que “el estudiar y el aprender de los mejores, te hace mejor a ti y yo he tenido la suerte de trabajar cuatro años como entrenador ayudante en la ACB y poder hacer análisis de los grandes entrenadores que tiene la liga española, lo que hace al final es hacerte mejor entrenador a ti, sin duda”.

En su trayectoria como profesional destaca considerablemente su etapa de tres años en el Villa de Los Barrios (del 2006 al 2009), una experiencia que no sólo le ha enriquecido a nivel personal, sino que además le ha supuesto su escaparate y lanzadera a la Liga ACB. “Espero que queden muchos buenos momentos por venir, pero me quedo con la final a 4 que tuve el año pasado con mi equipo”, asevera.

“La verdad es que en Los Barrios se dio una química increíble entre el público y el equipo, porque era un conjunto muy luchador, muy bravo”, cuenta, rememorando una anécdota que ilustra lo anterior: “El grupo salió un día a saludar en medio de la pista, reclamado por el público, después de haber perdido”. “En este aspecto, nuestro público sólo nos exigía dedicación, entrega y lucha absoluta… y el equipo lo tenía. La verdad que la fórmula de garra y lucha, mezclada con la calidad de los jugadores que tuve la suerte de dirigir el año pasado, hicieron que el equipo llegara a lo más lejos. Pero, los anteriores equipos, la verdad es que también lo hicieron francamente bien, porque el equipo nunca había conseguido jugar play off, pero lo hicimos tres años de forma consecutiva”, expone.

No obstante, ese buen trabajo realizado en tierras gaditanas provocó que le denominaran “El Alquimista”: “Me lo puso un amigo que trabaja en Marca.com, que se llama Enric Corbella”. “Viniendo de quien viene y como tenemos muy buena relación, tendré que decir que me gusta”, admite entre risas.

La oportunidad en la Liga ACB: El CB Murcia

“Para mí nunca había sido un sueño ser entrenador profesional, simplemente era algo que no me planteaba. El sueño de mi vida era dar clase y entrenar a baloncesto”, reconoce Moncho. Aún así, lo cierto es que al recibir la llamada del Club Baloncesto Murcia sintió “mucha alegría”. “Tienes ganas de hacerlo bien, pero el sentimiento de responsabilidad se acaba imponiendo inmediatamente”, manifiesta.

“Lo que más te preocupa es poder estar al nivel, poder estar a la altura y hacer frente a los retos que el club te marca y sobre todo a las expectativas que tanta gente ha depositado en ti y en el equipo”, subraya.

Sobre su actual club, piensa que “es un súper clásico del baloncesto español, tanto por su estancia en ACB como su estancia en la LEB. En la LEB siempre ha sido uno de los equipos punteros y lleva nada más y nada menos que tres años consecutivos en ACB”. “Ahora que estoy en él, me siento muy a gusto, porque es volver a una estructura profesional de ACB, donde el entrenador y su cuerpo técnico sólo se tienen que preocupar de eso, de entrenar y los medios, por supuesto, son muchos más de los que tienes en la Liga LEB”, matiza.

Con respecto a su plantilla, parece no asustarle la juventud que atesora, pues considera que este dato “no es antónimo de calidad”. “La juventud, hay mil pruebas para ello, puede ser sinónimo de talento, calidad, esfuerzo… Nosotros tenemos que conseguir que juventud, en nuestro caso, sea sinónimo de ilusión, de ganas de trabajo, de ganas de mejorar y si a eso les unimos la sapiencia de aquellos veteranos que van a formar parte de la plantilla, vamos a intentar que esta fórmula sea aquella que nos lleve al éxito”, sentencia.

“Las garantías son el colectivo y la mezcla de todas las partes. Un jugador sólo, dos jugadores solos… no hacen un equipo. El equipo, al final, somos todos”, alega, apuntando que “tanto los jugadores, por un lado, como el cuerpo técnico, por el otro, delegados, preparador físico, fisioterapeuta, el propio club… es fundamental que todos entiendan y conozcan cuál es el objetivo, olvidarse de ‘pasados’ y pensar en ‘futuros’ y una vez teniendo claro esto, si todos remamos en la misma dirección, las cosas irán bien”.

Asimismo, opina de sus dos efectivos debutantes, Roger Powell y Tomas Delininkaitis, que no tendrán problemas para adaptarse, porque “son novatos en la ACB, pero no son novatos en competiciones de grandísimo nivel”.

Otro gran reto: la comunión entre el equipo y la afición

Moncho Fernández comentó en su presentación oficial como técnico del CB Murcia que, además de la permanencia en el plano deportivo, uno de sus objetivos era que los seguidores se sintieran identificados con el equipo. En este sentido, señala que “el movimiento se demuestra andando”. “Lo que tenemos es que demostrarlo en la pista, que vamos a ser un equipo duro, que vamos a pelear, que aquel equipo que nos gane tendrá que sudar muchísimo más que nosotros”, vaticina.

“Yo creo que con estas pocas cosas, pero que son muchas y muy importantes, la afición estará con nosotros sin ningún tipo de dudas”, finaliza.
fuente

Club Baloncesto Murcia, S.A.D.